Es
la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que
nos resultan amenazadoras o desafiantes.


Nuestra
vida y nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones;
por tanto, cierta cantidad de estrés (activación) es necesaria.
En
general tendemos a creer que el estrés es consecuencia de circunstancias
externas a nosotros, cuando en realidad entendemos que es un proceso de
interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas,
emocionales y físicas.

Cuando
la respuesta de estrés se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud,
nuestro desempeño académico o profesional, e incluso nuestras relaciones
personales o de pareja se pueden ver afectadas.
El estrés y la falta de sueño
Cuando una persona no duerme
en forma adecuada o está privada parcial o totalmente del sueño, presenta
alteraciones de diferente índole, como son:
*Fallas en los procesos de atención y percepción.
*Falta de interés.
*Errores de memoria e irritabilidad.
*Estado de ansiedad o estrés, con alteración y modificación de las funciones cerebrales superiores o cognoscitivas, de tal manera que se altera su capacidad para realizar eficazmente las actividades de la vida cotidiana.
*Fallas en los procesos de atención y percepción.
*Falta de interés.
*Errores de memoria e irritabilidad.
*Estado de ansiedad o estrés, con alteración y modificación de las funciones cerebrales superiores o cognoscitivas, de tal manera que se altera su capacidad para realizar eficazmente las actividades de la vida cotidiana.
Portilla, D. I. (2006). Estrés y sueño.
Revista Mexicana de Neurociencia., 15-20. Universidad de Garanada. (2001).
Estrés. GABINETE PSICOPEDAGÓGICO.

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